Buk otra vez, y… es que nadie encuentra nunca a quien busca? Toda mi mente es un insecto al que tolero porque me habla. Ansiedad. Y hay sectores de mí que se resisten a ser deformados, viste? Necesito deformarme para escribir algo, necesito escribir algo para bajar la ansiedad, necesito bajar la ansiedad para sentirme tranquilo, necesito sentirme tranquilo para poder dejar de dar pasos en falso, necesito dejar de dar pasos en falso para llegar a alguna parte. No tengo fiebre. Tu mano está caliente, no mi frente. Si sigo esperando voy a empezar a ver números en el reloj de pared que no existe. Sí, es un lindo reloj. Suizo. Y tu mamá… ah… tu mamá. Me pidió que desconectase la alarma de la casa, que desayune con ella… Y yo acepté porque pensé que quizás fuese una buena excusa para poder luego acompañarte hasta el colegio. Tu casa como un laberinto. Yo lo recorro con una sonrisa, buscando tu ropa interior usada. Las paredes doradas me dejan ciego. Las voy palpando, abusando de mi intuición. Un minotauro como una mosca obnubilada. Sigo el aroma del café (tu hermana debe de estar preparándolo en alguna cocina rústica, en las profundidades de mi alma, drogada y en camisón) y así, ciego, puedo sentir claramente mis dedos como jeringas cargadas del antídoto para la visión de estrellas lobotomizadas, para el síndrome del sueño desnudo. Pásenme en la radio alguna vez: quiero que amplifiquen mi tristeza. Por qué, por qué necesito sentirte para sentirme? Por qué todo mi dolor es trillado? Este mundo se hizo ya tan viejo que no hay un solo corazón capaz de un sentimiento niño. Y yo no tengo la culpa. Yo solamente me senté a esperar el día, a fumar, a leerte, a enamorarme y a dejar que me tape los ojos la eternidad. No comprendo REALIDAD, no comprendo LA RAZÓN. Lo siento, pero no me arrepiento de mí. Y si tu madre no me sirve el desayuno, las musas lo harán. Y a vos, reina de los pájaros, te he guardado una lágrima milenaria para dejarla caer en la punta de tu lengua la noche en que por fin sientas la sed verdadera.
sábado, 26 de febrero de 2011
domingo, 19 de diciembre de 2010
El Mal Mundo
-So a vampire can cry.
-Once, maybe twice in his own eternity.
http://www.goear.com/listen/86c7b81/adagio-for-strings-samuel-barber
Quienes viven en la feliz normalidad suelen considerar que el Mal Mundo es todo sombra y frialdad.
Y a las ciudades de la noche, y a la gente que se degrada dentro de sus muros, de la vida del exceso, que es la vía de la calamidad.
No sabría yo defender al Mal Mundo que a veces, en efecto, es turbio, y se puede llenar de sordidez, y saber crecer como ceniza en lo violento. Pero debo decir que quienes desconocen el Mal Mundo no sólo ignoran su oscuridad, sino también su extraña luz lunar y gótica, o, si pudiera decirlo así, su portentosa luz galáctica, fría en apariencia, hermosamente violeta, con la extrañeza del hielo y el temblor de la pureza, la limpidez de lo muy puro. El Mal Mundo es una rara catacumba poética. No es el reino de los padres, o los novios, que se adentran en la noche cada fin de semana. No lo es. Es un reino aparte. Una cosa salvaje. Un Mal Lugar, un Mal País.
sábado, 12 de junio de 2010
miércoles, 2 de junio de 2010
domingo, 9 de mayo de 2010
Hardcore Kindheitserinnerung
Me tomo un cóctel de nicotina – cafeína – azúcar, preparado en una inocua moulinex edición aniversario, tonos pasteles.
Usá tu ilusión, usá tus ilusiones, lo repito como un mantra.
Rezá por mí.
Me voy al desierto.
A buscar la cabeza que perdí.
Y al healer imposible que me imponga sus manos.
A la mujer que me siga amando después de que me tire a su hermanita menor.
Había un contenedor de basura.
En 1965.
Adentro, un brazo y una cabeza.
No era la mía.
Han caído cortezas de mí. Imperios han venido y desaparecido.
So goodbye to you, girl.
So long, farewell.
I can´t hear you crying.
Your jivin´s been hell.
Más tarde, en 1982, las mujeres son algo así como una iglesia. Sólo que a veces hay risa. También está Pablo mirándome con toda la maldad de sus ocho años (y yo tenía cuatro), diciéndome: vos sos un GIL, gil de goma. Bien, más tarde lo mataría. Soñaba con ácido de baterías desintegrando un auto negro antiguo. Chorreaba desde un robot infernal que, sin embargo, se sentaba en un trono en el cielo. Dentro del auto una mujer desnuda, salvo por su imponente tapado de piel, escuchaba la radio y sentía ganas de… de… bueno, de cagar.
Todo esto pasó. Pasaba bastante a menudo. Tan a menudo como me miraba en el espejo la cicatriz de la panza. En ese momento era descomunal. Hoy es sólo un leve factor de distanciamiento entre alguna estúpida y yo. No demasiadas personas soportan la visión de tejido muerto.
Había un contenedor de basura. En 1965. Adentro, un brazo y una cabeza. No era la mía.
Desde el fondo de la inmundicia, alguien gritaba: “get the money, motherfucker, ´cause I got no more patience”.
Usá tu ilusión, usá tus ilusiones, lo repito como un mantra.
Rezá por mí.
Me voy al desierto.
A buscar la cabeza que perdí.
Y al healer imposible que me imponga sus manos.
A la mujer que me siga amando después de que me tire a su hermanita menor.
Había un contenedor de basura.
En 1965.
Adentro, un brazo y una cabeza.
No era la mía.
Han caído cortezas de mí. Imperios han venido y desaparecido.
So goodbye to you, girl.
So long, farewell.
I can´t hear you crying.
Your jivin´s been hell.
Más tarde, en 1982, las mujeres son algo así como una iglesia. Sólo que a veces hay risa. También está Pablo mirándome con toda la maldad de sus ocho años (y yo tenía cuatro), diciéndome: vos sos un GIL, gil de goma. Bien, más tarde lo mataría. Soñaba con ácido de baterías desintegrando un auto negro antiguo. Chorreaba desde un robot infernal que, sin embargo, se sentaba en un trono en el cielo. Dentro del auto una mujer desnuda, salvo por su imponente tapado de piel, escuchaba la radio y sentía ganas de… de… bueno, de cagar.
Todo esto pasó. Pasaba bastante a menudo. Tan a menudo como me miraba en el espejo la cicatriz de la panza. En ese momento era descomunal. Hoy es sólo un leve factor de distanciamiento entre alguna estúpida y yo. No demasiadas personas soportan la visión de tejido muerto.
Había un contenedor de basura. En 1965. Adentro, un brazo y una cabeza. No era la mía.
Desde el fondo de la inmundicia, alguien gritaba: “get the money, motherfucker, ´cause I got no more patience”.
miércoles, 14 de abril de 2010
Estrellas
No tengo tiempo. Me perdí en el tiempo.
El Dios se llama Abraxas.
Pan de Tristeza.
Tu perfume es algo que revuelvo con el té.
La alfombra está estrellada, estrellada, estrellada.
La Fe y la Belleza de una Virgen de las Rocas.
Yo la dibujo y la alfombra.
Aire (los dragones no han nacido para ser abrazados).
Toda la Lluvia.
Vos estás, simplemente estás y sos una carta y la luna. Tus lágrimas el arcano que me revela la vida. Estás estando, entre ratoncitos grises que suelen coronarte con hojitas y pétalos marchitos, como una infanta heredera del cielo refugiada en subterráneos. Jugando a taparle los ojos a la eternidad. Tus realidades, sótanos de realidades, y el miedo que nace. Sí, como Venus nace.
Mirando el techo como quien mira el cielo buscando la estrella más linda hecha con los vidrios menos rotos. La estrella más linda de una noche cualquiera diferente a la mía. Hubo que pintarlas, al fin, por piedad o por jugar. Bellezas tibias sobre el cielorraso descascarado. Y entonces las contás una vez, y otra vez, y otra, y para siempre, para no morir, y hasta para mí, cantándome bajito al oído esa canción de cuna:
¿Cuántas estrellas hay solas?
¿Y cuántas de ellas son tuyas?
El Dios se llama Abraxas.
Pan de Tristeza.
Tu perfume es algo que revuelvo con el té.
La alfombra está estrellada, estrellada, estrellada.
La Fe y la Belleza de una Virgen de las Rocas.
Yo la dibujo y la alfombra.
Aire (los dragones no han nacido para ser abrazados).
Toda la Lluvia.
Vos estás, simplemente estás y sos una carta y la luna. Tus lágrimas el arcano que me revela la vida. Estás estando, entre ratoncitos grises que suelen coronarte con hojitas y pétalos marchitos, como una infanta heredera del cielo refugiada en subterráneos. Jugando a taparle los ojos a la eternidad. Tus realidades, sótanos de realidades, y el miedo que nace. Sí, como Venus nace.
Mirando el techo como quien mira el cielo buscando la estrella más linda hecha con los vidrios menos rotos. La estrella más linda de una noche cualquiera diferente a la mía. Hubo que pintarlas, al fin, por piedad o por jugar. Bellezas tibias sobre el cielorraso descascarado. Y entonces las contás una vez, y otra vez, y otra, y para siempre, para no morir, y hasta para mí, cantándome bajito al oído esa canción de cuna:
¿Cuántas estrellas hay solas?
¿Y cuántas de ellas son tuyas?
miércoles, 21 de octubre de 2009
Plegaria para el paranoico
la lluvia no es regida por la nada
–piensa
hay dioses ocultos
y está tu amor también
y en los hospitales pacientes
y ciertas puertas, ciertas ventanas
son veladas
médicas orgías
fluídos lenguas agujas
una lluvia sexuada
(suspiro)
hay alguien aquí
mi rostro aluniza
en la petaca vacía
debajo de la cama
dónde la bebida pura,
el tacto y el acto
liquidan mi conciencia
–piensa
hay dioses ocultos
y está tu amor también
y en los hospitales pacientes
y ciertas puertas, ciertas ventanas
son veladas
médicas orgías
fluídos lenguas agujas
una lluvia sexuada
(suspiro)
hay alguien aquí
mi rostro aluniza
en la petaca vacía
debajo de la cama
dónde la bebida pura,
el tacto y el acto
liquidan mi conciencia
domingo, 27 de septiembre de 2009
El mal vino y la luz
Te lo dije en secreto: no tenés madre. Sentido sin sentimiento. Y lloraste y temblaste para el deleite de los cisnes que te miraban embelesados envidiando tu fragilidad. Pendeja. Las paredes chorreaban miel. Querías una demostración de poder, y tras no dejar rastro de nieve te pusiste a invocar antiguos demonios de cabello cano y ojos grises. Ojos de bebé. Me rezaste que te mienta y te dije que no te amaba. Los cisnes, ahora perplejos (todo se volvió muy dulce) se masturbaban cansinamente. Uno de los demonios, el Pederasta de Oriente, se acariciaba la barbilla, quizás rememorando una noche de niña poseída en Ciudad del Cabo, y estoy seguro de que a él también lo mecía la nostalgia, la tristeza furiosa, la mecánica de la existencia. Entonces cerraste los ojos apretando los párpados, deseando tiniebla enamorada, esfumando todo a negro reluciente, y los cisnes se volvieron chispas ridículas, y los demonios abuelos recién muertos, y yo apenas un jirón del cielo sin estrellas de tu niñez inventada con la luna temblando en Acuario. Tango sin madre. Tango eterno, lloroso, insulso. Me rezaste de nuevo, arrodillada y ciega, por una lúbrica cruz que cargar. Y sólo se abrió tu sexo cuando te dije que así te hacías bella, con esas estúpidas grietas, con la culpa sin nombre, con el mal vino, y la luz.
jueves, 24 de septiembre de 2009
Mousse
Me extrañabas con las tormentas. Y allá en tu pueblo me extrañabas. Yo acostumbraba a pintarme los párpados con algún remedio para la arena que no vuela, a pensar en ángeles y chocolates, a tomarme el tren de las 11. Intentaba hacerte alguna cosquilla. Después todo se pudrió como un delirio en un loquero, es decir, se hizo fuerte. Entonces te fuiste de mí y de mis calles, y yo tuve medio sueño con una prostituta virgen que me enamoraba con mimos y sin sexo. No eras vos. Vos eras la del otro sueño, la desnudez de un único collar con lágrima de metal arrancada de mi niñez en la playa perdida. Lejana. No-vida. Apagada ya, para darle lugar a éste paño de póker desganado, a éste montón de cáscaras de manzanas prohibidas. En fin, en un rato va a pasar el tren. Y lo voy a ir a esperar, para dejarlo, nomás, que pase, y después sentarme en el puente, tranquilo, recién ahorcado, a buscar las huellas de tu felicidad.
miércoles, 23 de septiembre de 2009
Sangre
Oh, mismísima mierda. Vos jugá. Jugá por jugar, está ok para mí. Create una estrella a la medida de tu ego, repartí blasones celestes con tu efigie para que todos tus acólitos los cuelguen de su balcón. Jugá, prestidigitá mentiras como jazmines para maestras de primer grado, mostrales tu nada misteriosa, que todos caben en tu pulgar. Pero no juegues conmigo, porque jugás con fuego. ¿Vamos a hacer el amor levitando? Todo puede ser una gran cacería. Allá donde las cabras remontan el silencio, a una altura a la que jamás ascendiste, nace el manantial de mi sangre. La misma que ingenuamente pretendés beberte embotellada e inocua, como si yo fuese solamente un niño puro y virgen de esos que compulsivamente le sacrificás a tu diosa en el té de las cinco. ¿Y eso es toda tu belleza? Espero que tu amor contenga menos que eso. Y espero que nadie te envenene el pastel. Y que también tengas lágrimas niñas y dejes de llorar lentejuelas. Yo te espero, más no juegues conmigo tu as de trébol al vacío. Porque jugás con fuego. Es tan divertido…
Jugo de ceniza
Ayuno del fuego en mi estómago, miro un poco hacia afuera, a través mi ventana sucia, y todo se ve calmo y estúpido. Estúpidas calles, estúpido colectivo y mecanismo exacto, complejo, ingenioso, para que llegue a tiempo quien no va a ninguna parte. Es violento. Yo me quedo aquí para siempre. Bueno, los miércoles voy al psicoloco. Y vendrá un amigo alguna que otra tarde, e intentará podar las enredaderas. No mencionará nada acerca de lo sucio que llevo el pelo ni de que mi piano está muerto de frío y pide caricias. No es que no pueda ser adulto. Es que estoy triste por algo que me pasó alguna vez y qué se yo qué fue. Me gustan algunos collages ígneos, y esa poesía de Paul Eluard, y el mito de la chica artie. Pero no creo en ellos, es decir, fue hace mucho tiempo…
A veces puedo cantar un poco de verdad, cantarle al silencio, casi arroparme con esos despojos. Ya no saldré, lo juro. Se acabó. Siento vergüenza de éste cuerpo, de ésta vidita llena de evidencia. De la obviedad: no soy el sueño de nadie.
A veces puedo cantar un poco de verdad, cantarle al silencio, casi arroparme con esos despojos. Ya no saldré, lo juro. Se acabó. Siento vergüenza de éste cuerpo, de ésta vidita llena de evidencia. De la obviedad: no soy el sueño de nadie.
viernes, 31 de julio de 2009
Una noche en la barca
Comprame un trago y contame todo de tu carita de nene lindo. No sabés una sola cosa de la vida, ojitos celestes. El sol no me ama, y es fácil llorar. Escribí una carta. No tenés el dinero, nene lindo. Devolver al remitente. Dejalo sangrar, coca y piedad. Buscá un sacerdote con labios más gruesos que los tuyos. Oh, mi sonrisa distorsionada. Yo hablo del sol de la noche. Hay una fiesta en la superficie. Yo hablo de desnudez. Qué carita la tuya, pobrecito, mi nenito llorón. Qué sabés del dolor, qué sabe tu aguijón? Te hago un nudo de viento en el alma. Olvidate de tu garganta, mejor. No olvides tu vodka. No olvides tu precio. Éstas tetas viejas tienen un precio. Asomate a la barricada. Hay una guerra de la que no sabés nada y tarde o temprano se te meterá el fuego por la nariz, bonito. Una nana para que sueñes, gratis, que más da, después de todo, ojitos celestes, lo más preciado siempre se parecerá a la rosa de cobre.
Caronte, más allá de Plutón, junto al lago
Caronte, más allá de Plutón, junto al lago
martes, 9 de septiembre de 2008
Madrigal y Escena de Amor
Y no voy a soportar desaparecer. Soy tan fuerte. Es sólo amor: la tierra bajo sus pies. El centro del silencio. El sexo de los santos. El amor de los suicidas.
“Tenemos que pensar adónde vamos a ir”.
No podría esconderme de mí mismo.
Jamás me habían clavado ojos como alfileres, dulce hermana que nunca tuve, alejada para siempre. No me iré con vos.
Me sonríe desde el baño mientras hace pis, y no es mórbida, conoce la tibieza de la mañana. Está adorando cada rayo de sol mientras termino de hacerme una idea de qué es el viento. Somos ese cuchillo de claridades, los dos. Dañinos y enamorados, un soplo de sentido para un sufrimiento sólo palpado por las manos de ángeles insignificantes.
Y esto les parece romántico, nunca lo ven cuando estás jodido, creen que solamente sos libre y que no comés. El dolor más profundo y el miedo más aterrador son hermosos cuando están en una canción, una película. Ellos no nos salvarán, amor, no pueden hacerlo.
“Llorá sin gemir.”
Es que el silencio es demasiado sobrecogedor. He tenido visiones del tiempo, el metal, y las palabras que calla una boca de oro. La vida, desde la nada, acelera, y querré pisar los vidrios rotos. Me abrazo, acurrucado en posición fetal. Soy tan fuerte… por qué no desaparezco de una vez? Por qué no se acaba la eternidad?
Ha preparado el café y ya no está desnuda. Está bien, está rico y su amor existe. Va quedando poco que decir, ya nos vamos. La mañana en la ciudad es verdaderamente bella si no tenés adónde llegar y te queda un cigarrillo. Ah, ella verá los aerosoles, las musas y las flores. La sangre, al fin. Y yo, mientras la veo irse y me quedo, fumando, esperando el colectivo, soy un tango nunca escrito.
domingo, 1 de junio de 2008
TRES AGUJAS
“Y te daré una flor antes que un Decadrón
oh mi amor, estoy tranquilo pero herido”
oh mi amor, estoy tranquilo pero herido”
I
Otra vez tengo diecisésis años. Una y otra vez. Otra vez estoy enamorando a alguien. Y pretendo tratar de enamorarme aunque sepa bien que ésta aventura no puede tener otro destino que tu corazón roto y mi cerebro saliendo mentirosamente impune.
II
Ahora tengo diecinueve, veinte y veintiuno, y quiero, deseo, otra estancia en el paraíso terrenal que habíamos edificado en varios puntos de Buenos Aires. Quiero tu virginidad, quiero tu sangre. Quiero llegar temprano, esperarte con ventaja, con astucia. Quiero ponerte, con semanas de diferencia a lo sumo, azúcar en las heridas. Tu amor me enseñó cómo ser de verdad dios de mi paraíso, demonio de mis abismos. Y del otro, del edén, a veces venía Dios y nos expulsaba.
III
Cumplía mis veintidós en noviembre, y tus catorce salidos de agosto se me representaban inmejorables. No supongo que estoy por sufrir una tristeza superior. Me estás besando, angelito! Esto no es un juego, estamos atrapados!
Vago por toda la tierra, vago por tu barrio. Soy ahora el Errante.
IV – I
El ímpetu con el que amás esto actúa como un derivado de morfina. A veces me calma un dolor que no puede ser calmado si no es con una droga inexistentemente, imposiblemente específica.
A veces, colateralmente, me alucina.
V – II
Putearte, eso es lo que tengo que hacer. Arrinconarte públicamente en un café y desarmarte, que todos sepan a través de mis mesiánicos alaridos, cuánto odio en qué te convertiste y cuán jodida, ardua e insoportable es mi vida a causa de ello.
Cada tanto, tengo un sueño con vos todavía. Si lo acepto, inevitablemente, sigo amándote.
VI – III
Emma Zunz es el único cuento de Borges que me pega un cross en la mandíbula. Es el único cuento de Borges que me gusta. Me diste una idea. Las flores que te compré van para el altar de mamá Oscuridad.
VII – I
El Inmortal es el único cuento de Borges que me duerme y me despierta todo el tiempo. Es el único cuento de Borges que me gusta. Me pregunto si sabrás lo que provoca en una conciencia parecida a la mía el acto de penetrar a una pequeña (al menos en tamaño) mujer virgen. Ella grita, el dolor es real y aterrador. Y vos terminás, te incorporás, te apartás, y llorás silenciosamente. Aprendiste a ser dañino. La próxima vez, quizás no se te para tan fácilmente.
VIII – II
Ternura y timidez. Impulso, bajón. Te llamo y dejo que me cuentes tus trivialidades hirientes. Soy un adicto a esos estremecimientos. Sedado en la bahía del ángel regurgito todos tus besos y voy hasta el acantilado, hasta el borde, a inmolarme. Van cuatro o cinco veces que no lo hago.
IX – III
Para vos, poesía no basta. Universos de palabras absolutas empiezan a estancarse en arroyos de mierda. Es MI mierda, yo la cagué. No te metas con ella por favor. Sos demasiado dulce, es demasiado tu amor para la tierra. Es mejor si lo sigo pensando en la luna mientras ponés “parachutes” otra vez. Adagio, pero fortíssimo.
X – I
Te quiero, a pesar de lo que diga.
XI – II
Te quiero, a pesar de lo que haga.
XII – III
Te quiero, a pesar de que te quiera.
lunes, 5 de mayo de 2008
Isolation 2005
5/6/05
Desencuentro, soledad, aislamiento. La calma llega cuando menos se la espera, y casi nunca a la noche. Una película porno. Una belleza inexplicable y fría. Helada. No llamaste. Mi música fracasa. Mi mente fracasa, mi corazón no me basta. Una decisión impulsiva. La llave gira, la calle, otra vez, de noche. El frío, mi caminar, los Beatles, la avenida. Desencuentro hasta conmigo. Frío.La Belleza Helada.
Desencuentro, soledad, aislamiento. La calma llega cuando menos se la espera, y casi nunca a la noche. Una película porno. Una belleza inexplicable y fría. Helada. No llamaste. Mi música fracasa. Mi mente fracasa, mi corazón no me basta. Una decisión impulsiva. La llave gira, la calle, otra vez, de noche. El frío, mi caminar, los Beatles, la avenida. Desencuentro hasta conmigo. Frío.
Estación de servicio. Café. Revista. Mi mente. Quiero fumar. Tenés cigarrillos sueltos? No. Uh… dame un Philips de diez. Un policía. Querés un cigarrillo, pibe? Sí, gracias. Bromea con algo. No escucho. Me río igual. Chau, gracias…
La canción fracasa. Do menor. No llamaste. Tenés tu mundo y yo el mío. ¿Qué pasa? ¿Por qué no entiendo? Que te enseñen a perder. “Me pregunto en qué pensaban cuando estaban por coger.” Otra vez, la belleza helada.
Tu casa, amarilla. Tu habitación dibujada. La guitarra que no sabe tocar nadie. Canto “Antes de gira”. Es tuyo? Sí. Miento. Y no quería mentir.
Es tarde, te abro. Chau, Ale. Chau. El frío. Emocionado, camino. Tu belleza. Un sol neutro. Helada. Digital. Sigo sin entender. Hoy es siempre ayer. Mañana llega y a grabar. Apenas llego a dibujar el cristal, con el humo...
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