martes 24 de enero de 2012
Starcaster
Che, pibe:
Yo sí escribo canciones y me mutilo.
El clítoris, me mutilo.
La glándula de la basura.
Hardcore Kindheitserinnerung.
De comerte tu miseria tus pulmones se acostumbran a respirar con dificultad -eso que los maricones llaman angustia- y te va dejando de importar que nadie te conozca en profundidad.
La única profundidad es la proyectada fuera del juego del amor y hambreada por el mismo juego.
Porque lo que parece real es un juego y lo que se presume personaje es lo más real, lo único que tiene peso y que es necesario desenvolver como una lenta coreografía hacia el final de la vida, hacia la vejez.
Lo que tiene peso no lo ve tu familia, no lo ve tu novia, no lo ve ningún amigo.
Lo ven los extraños.
Por eso, salvate de ese amor.
Tajeate ese amor.
"Y llevarás tu orgullosa navaja lustrada como zapatos de baile."
Cambio y fuera.
Ale.
"There has to be a need. It should be a need to expel or to exorcise something rather than the need to perform in front of people."
Beauty always comes with dark thoughts.
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the woods
martes 13 de diciembre de 2011
Salir con chicas que no leen / Salir con chicas que leen
Salí con una chica que no lee. Encontrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar. Encontrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descubrila sonriendo y asegurate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautivala con trivialidades poco sentimentales; usá las típicas frases de conquista y reíte para tus adentros. Sacala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignorá el peso del cansancio. Besala bajo la lluvia y dejá que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Hacé un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llevatela a tu departamento y despachala luego de hacerle el amor. Tiratela.
Dejá que la especie de contrato que sin darte cuenta celebraste con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubrí intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construí un muro impenetrable alrededor de ellos. Hacé del espacio común un espacio sagrado y regresá a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Hablale de cosas sin importancia y pensá poco. Dejá que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponele que se mude a vivir con vos y dejala que decore. Peleate por cosas insignificantes como que la puta cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese puto moho. Dejá que pase un año sin que te des cuenta. Comenzá a darte cuenta.
Concluí que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invitala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegurate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pedile al mozo que le traiga la copa de champán con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponele matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sentís que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sentís nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, dejá que terminen. Si llora, sonreí como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonreí.
Dejá que pasen los años sin que te des cuenta. Construí una carrera en vez de conseguir un trabajo. Comprá una casa y tené dos hermosos hijos. Tratá de criarlos bien. Fallá a menudo. Caé en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufrí la típica crisis de los cincuenta. Envejecé. Sorprendete por tu falta de logros. En ocasiones sentite satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, tené la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contraé una enfermedad terminal. Morí, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.
Hacé todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hacelo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hacelo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a vos. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.
Hacelo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.
Salí con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.
No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Vos con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; vos en una biblioteca, o parado en la estación del subte, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Vos, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Vos, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque vos has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, fuera de acá, chica que lee; tomá el siguiente tren que te lleve al sur y llevate a tu Hemingway con vos.
Te odio, de verdad te odio.
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Salí con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas de espacio en el placard porque ha comprado demasiados. Invitá a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido una tarjeta de suscripción a una biblioteca.
Encontrá a una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora porque en su cartera siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa chica un tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler las páginas de un libro, y más si están amarillas.
Es la chica que está sentada en el café del final de la calle, leyendo mientras espera. Si le echás una mirada a su taza, la crema deslactosada ha adquirido una textura un tanto natosa y flota encima del café porque ella está absorta en la lectura, perdida en el mundo que el autor ha creado. Sentate a su lado. Es posible que te eche una mirada llena de indignación porque la mayoría de las lectoras odian ser interrumpidas. Pregúntale si le gustó el libro que tiene entre las manos.
Invitala a otra taza de café y decile qué opinas de Murakami. Averiguá si fue capaz de terminar el primer capítulo de Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulises de Joyce lo hace solo para parecer inteligente. Preguntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella.
Es fácil salir con una chica que lee. Regalale libros en su cumpleaños, en Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings y hacele saber que entendés que las palabras son amor. Comprendé que ella es consciente de la diferencia entre realidad y ficción pero que de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a su libro favorito. No será culpa tuya si lo hace.
Por lo menos tiene que intentarlo.
Mentile, si entiende de sintaxis también comprenderá tu necesidad de mentirle. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valor, matiz, diálogo; no será el fin del mundo.
Fallale. La lectora sabe que el fracaso lleva al clímax y que todo tiene un final, pero también entiende que siempre existe la posibilidad de escribirle una segunda parte a la historia y que se puede volver a empezar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe. También es consciente de que durante la vida habrá que toparse con uno o dos villanos.
¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chicas que leen saben que las personas maduran, lo mismo que los personajes de un cuento o una novela, excepción hecha de los protagonistas de la saga Crepúsculo.
Si te llegás a encontrar una chica que lee mantenela cerca, y cuando a las dos de la mañana la encuentres llorando y abrazando el libro contra su pecho, preparale una taza de té y consentila. Es probable que la pierdas durante un par de horas pero siempre va a regresar a vos. Hablará de los protagonistas del libro como si fueran reales y es que, por un tiempo, siempre lo son.
Le propondrás matrimonio durante un viaje en globo o en medio de un recital de rock, o quizás formularás la pregunta por absoluta casualidad la próxima vez que se enferme; puede que hasta sea por Skype.
Sonreirás con tal fuerza que te preguntarás por qué tu corazón no ha estallado todavía haciendo que la sangre ruede por tu pecho. Escribirás la historia de ustedes, tendrán hijos con nombres extraños y gustos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos The Cat in the Hat y Aslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella recitará los poemas de Keats en un susurro mientras vos sacudís el polvo de tus botas.
Salí con una chica que lee porque te lo merecés. Te merecés una mujer capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si solo tenés para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si querés el mundo y los mundos que hay más allá, invitá a salir a una chica que lee.
O mejor aún, a una que escriba.
Charles Warnke / Rosemarie Urquico
Trad. Ale Nu.
martes 18 de octubre de 2011
Sol y Edad II
ilustración: "Julia dream", por Anita Inverarity.
¿Podrías hallarme entre el tiempo? Todo lo que acaba se vuelve insoportable.
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sueños cortos
miércoles 28 de septiembre de 2011
Hana-Bi
Creo que estoy mintiéndome a mí mismo. Lo pienso mientras estudio y también pienso que en lo único que puedo pensar son en canciones, acordes, arreglos, grabar, tocar, viajar, llegar al fondo de mi espíritu y así unirme en el espíritu colectivo de cada chico o chica, triste o alegre, que está en una habitación con un par de auriculares, un libro, una carta de amor o desamor, un miedo o una certeza y que son tan de éste tiempo, de éste Geist, de éste mundo Buenos Aires - Argentina - Tierra de Nunca Jamás, con sus rabias callejeras de amor, con las soledades y los mil intentos y un invento, con el dolor de ser o el dolor de ya no ser, o como escribió Buk "tantas de mis criaturas compañeras", todos a quienes entiendo y me entienden, y todos a quienes no puedo ni ver, ni me ven, pero el mundo al fin es sólo un conjunto de miles de vidas y la mía pugna por ser mundo y más que mundo, ser espíritu que cambie un mundo cualquiera, una vida cualquiera, que defienda o destruya un estado de ánimo, y conjuge el poder estético para aunar un mito que en tanto símbolo tenga alma, eternidad, y que la tenga aún incendiando apenas dos segundos del tiempo de cualquiera, del mío, de las migajas de lo que fue un corazón y ahora es sangre en la pared de un call center. ¿Para quién canto yo entonces? Para los que al leer ésto se miraron el ombligo y después aspiraron una seca mirando la ventana a la ciudad y siguieron estando como están, pero con alguna flor de fuego ciñendo lo más abstracto que tengan por corazón.
y que siga la melodía...
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textos
lunes 26 de septiembre de 2011
Chenault
Las canciones están mal. Las canciones son mentira. Yo cociné a mis
fantasmas y el tesoro está a punto caramelo. Lo que bombea. Lo que
piensa. Y los años, los años. Soy el detractor de miradas. Por eso me
encierro y dejo que el mundo me escriba la espalda con las manos de mi
mujer subterránea. A cielo abierto soy
mentira. No amo lo que amo, no pienso lo que pienso, no recuerdo lo que
no olvido. A todas luces un fiasco. Y así los tontos (y las tontas) me
regalan su tierra. Y en ella crece mi flor de lis, retoño imperial.
No he vuelto de mi pequeña vida para contarte qué sabor tiene la tierra húmeda. No he nacido a la lágrima ni a las acuarelas en la lluvia. Estoy reventando paredes como puedo: las veo temblar en silencio. Silencio lleno y silencio vacío. A mi me arroban los silencios llenos de ecos. Como si los planetas, las piedras, los hechos, todo, suspiraran ahogadamente. El universo es entonces como el cadáver de dios. Es el cuerpo de un dios ausente, o un dios dormido que está pensando en otra cosa (libélulas, drogas, manzanos, en la diosa que lo abandonó a su suerte) y que probablemente sufra, también, y sufra a partir de sus más ínfimas células: nosotros, vos y yo, cualquier migaja. Lo que es seguro es que el dolor concreto no se calma con abstracciones. Pero, si sigo amplificando los ecos (como un espejo humeante) y si las paredes se vuelven más amarillas, y si caen, y caen con ellas los otoños, todos juntos… puede que alguien se despierte y me cuente que soñó conmigo al final de su larga, larguísima, siesta milenaria.
No he vuelto de mi pequeña vida para contarte qué sabor tiene la tierra húmeda. No he nacido a la lágrima ni a las acuarelas en la lluvia. Estoy reventando paredes como puedo: las veo temblar en silencio. Silencio lleno y silencio vacío. A mi me arroban los silencios llenos de ecos. Como si los planetas, las piedras, los hechos, todo, suspiraran ahogadamente. El universo es entonces como el cadáver de dios. Es el cuerpo de un dios ausente, o un dios dormido que está pensando en otra cosa (libélulas, drogas, manzanos, en la diosa que lo abandonó a su suerte) y que probablemente sufra, también, y sufra a partir de sus más ínfimas células: nosotros, vos y yo, cualquier migaja. Lo que es seguro es que el dolor concreto no se calma con abstracciones. Pero, si sigo amplificando los ecos (como un espejo humeante) y si las paredes se vuelven más amarillas, y si caen, y caen con ellas los otoños, todos juntos… puede que alguien se despierte y me cuente que soñó conmigo al final de su larga, larguísima, siesta milenaria.
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miércoles 21 de septiembre de 2011
Sol y Edad
La solitaria contemplación armoniosa y melancólica del mundo es el destino y el camino inevitable, necesario (y amado) del hombre libre.
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sueños cortos
lunes 22 de agosto de 2011
Ceremonia
Remo Erdosain y El Astrólogo.
Alejandra siempre en llamas y Fernando Vidal Olmos.
Lux Lisbon y Holden Caulfield.
Rodion Raskolnikov y Dorian Grey.
Los veo a todos cuando limpio de sangre el espejo. Voceros del universo hecho de plastilina eléctrica que llevo en las tripas. Músicos de una orquesta que interpreta el adagio para cuerdas de Barber en una orgía, con la violenta delicadeza que tiene el amor cuando chorrea de odio, obligándome a morderme los labios en esa sensualidad desbocada que enlaza como amantes a mi cuerpo con mi espíritu. Y es así que beso el cristal pronunciando tu nombre que también es sangre en mi boca.
El centro de tu alma ya está sobre las ruinas de la mía.
Uno de estos días voy a ser viejo y tendré que elegir de qué lado de ese espejo recostarme a morir. Quisiera estar donde ellos estén. Que la muerte contenga menos que el estigma de los que VEN: elegir verdad. Entre verdad y amor, elegir verdad. Entre verdad y vida, elegir verdad. ¿No eligieron verdad Remo, el Astrólogo, Alejandra, Fernando, Lux, Holden, Rodia, Dorian? ¿No son ellos más reales que cualquier efímera contorsión de la muerte?
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sábado 30 de abril de 2011
Es el alma un extraño en la tierra?
Adónde dirige sus pasos?
Es la voz lunar de la hermana a través de la noche sagrada la que oye
el peregrino
el sombrío
en su barca nocturna
en los estanques lunares
entre podridos ramajes, entre muros leprosos.
El delirante está muerto
se entierra al extraño.
Hermana de tempestuosa tristeza
mira!
Una barca angustiada naufraga
bajo las estrellas
el rostro callado de la noche.
Ernesto Sábato (un amigo)
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the woods
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